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11-1-09: CARLOS SALAZAR, A “GANCHO Y CROSS”: “Sin sacrificio no se consigue nada”

Posted by Quique Rodríguez en enero 11, 2009

CARLOS SALAZAR, UN GRANDE DE LAS CATEGORIAS CHICAS

 

 

“Sin sacrificio no se consigue nada”

 

El pugilista afincado en Chaco le guarda en un privilegiado sitio de su memoria a una experiencia única como haber seguido los consejos de Carlos Monzón, su primer DT, al tiempo que hace un emotivo recorrido de su infancia y también de sus proyectos.

 

 

POR ENRIQUE RODRIGUEZ

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“GANCHO Y CROSS”

 

En silencio, con la humildad propia de los grandes, Carlos Gabriel Salazar (47 triunfos, 8 derrotas, 3 empates, 19 K.O.) fue construyendo sus sueños de boxeador desde su cuna porteña hasta su temprana radicación en la chaqueña Roque Sáenz Peña, su patria chica. Hijo de Juan Carlos, pugilista y DT con un gimnasio dentro de su casa, “desde mi agradable infancia mamé el boxeo. Ya a los 12 años participaba de exhibiciones, a los 16 llegué a finales del campeonato argentino y completé un récord aficionado de 32 peleas ganadas sobre 35 que disputé, habiendo combatido en los Juegos Olímpicos de Los Angeles ´84. Desde siempre estuve ligado al boxeo y no me imaginé nunca estar alejado de él”, le confía a La Prensa en el amanecer de la charla quien fuera bicampeón mundial -mosca OMB, con cinco defensas, y supermosca FIB (una retención)- y dejara su indeleble huella en el boxeo argentino y universal.

¿Qué recuerdos atesorás de tu debut profesional?

 -¿Sabés que tengo una perlita de ese debut? El 7 de diciembre del ´85, cuando en mi primera pelea profesional le gané por nocaut técnico en el 2º round a Roberto Ledesma el Luna Park, estuvo Carlos Monzón en mi rincón. Recuerdo que, cuando estábamos entrenando en Sáenz Peña, él era la atracción principal: fue un ídolo muy querido por la gente que llenaba el gimnasio para verlo.

Ese es un dato que no muchos conocemos; ¿y qué te inculcó de su inmensa experiencia sobre los rings?

 -Respecto de la técnica, me ayudó a meter el uppercut para hacer daño y a tirar el 1-2 en forma ordenada y con puntería.

Más adelante llegaron los títulos argentino y sudamericano con dos victoria ante Adrián Román y luego tus dos intentos mundialistas fallidos, del 1º de mayo del ´90 y el 3 de julio del ´93 ante Sot Chitalada y Sung-Kil Moon, en Tailandia y Corea del Sur.

 –Sí, los triunfos me ayudaron a crecer en el ranking y se abrieron las puertas hacia el título. De esas dos peleas mundialistas recuerdo como si fuera hoy la de Moon, ante quien me robaron la victoria. Yo hacía cintura, él pasaba de largo y ahí le pegaba con todo lo que tenía. Desde ahí me dije: Yo me siento ya campeón del mundo.

Sin embargo, debiste saborear otros dos tragos amargos hasta tu consagración…

 -Es cierto. Perdí muy ajustadamente con un grande como Marco Antonio Barrera en una sangrienta y disputada eliminatoria disputada en el Luna Park (13 de abril del ´94) y, poco después (el 7 e agosto del mismo año), en Tokio, frente al japonés Hiroshi Kawashima, quien me ganó muy bien por su juventud y justeza para pegar. De todos modos, la pelea fue muy pareja.

Y después, de nuevo a remontar la cuesta hasta que el 7 de octubre del ´95 lograste llegar a la cima frente al colombiano Harold Grey en el Super Domo de Mar del Plata.

 -Fue una batalla tremenda. El era un flaco de largo alcance y logré tirarlo. De esa forma saqué una ventaja decisiva para atrapar el título superrosca FIB. Allí me sentí pleno, con una felicidad única por haber logrado el máximo objetivo pero también por haber obtenido mi mejor triunfo en el profesionalismo.

Pero nada te resultó sencillo: una defensa exitosa y la pérdida de tu corona a manos del propio Grey.

Es que él supo aprovechar el tremendo calor que hacía en Cartagena de Indias y también su juventud para sacarme mínimas ventajas en un combate muy parejo.

Igual, no te quedaste con las ganas de volver a ganar un título, esta vez el mosca OMB (el 13 de diciembre del ´96) al vencer por puntos al Ratón Jiménez -ante quien empató en su primer intento- en Virreyes…

-Fueron dos tremendas batallas, muy reñidas. La primera, en Villa Ballester fue muy reñida y nos repartimos golpes durante toda la pelea con una continuidad asombrosa. Ya en la segunda, logré quebrarlo por nocaut técnico en el 10º round luego de otra lucha bárbara que quedó en un hermoso lugar de mi memoria.

 -Más adelante, llegaron cinco defensas exitosas y la pérdida del cetro y el retiro, ¿no estabas para seguir?

-Ya venía con ganas de largar. Es que había sufrido distintos tipos de fracturas contra José Ramón Soto y Everaldo Morales y cuando perdí el título mosca OMB como visitante frente a Rubén Sánchez León sufrí otra en la mandíbula que me ayudó a decidirlo definitivamente. Preferí dejar al boxeo un paso antes y no uno después.

¿Cuál fue tu mayor virtud sobre un ring?

-Siempre me supe adaptar al rival que tenía enfrente. Nunca fui un peleador definido: si había que pelear, peleaba; si había que boxear, boxeaba. Podía tener peleas muy buenas y muy malas, pero tenía la seguridad de tratar de llevar a cabo un plan de pelea y poder cumplirlo.

 -A vos todo te costó demasiado, siempre lo tuyo fue fruto del esfuerzo y la disciplina, ¿eso se debe a que no poseías un atributo superlativo en ninguna de las facetas boxísticas aunque hacías bien un poco de cada cosa?

-Es posible que así haya sido. Pero lo que a mí me marcó para siempre fueron las palabras de Carlos Monzón. El me decía que “sin dedicación, conducta y sacrificio no se consigue nada”. Esos consejos los tuve bien aprendidos y los pude poner en práctica para lograr lo que logré. Y no me arrepiento: de esa forma llevé un estilo de vida el que me enorgullezco. Hoy soy feliz porque tengo la compañía y el amor de mi mujer Daniela y de mis hijos Karla, Kevin y Diego. Cumplí con el objetivo que me propuse cuando empecé, que fue ser campeón mundial y, de ahora en más, buscaré que toda la gente de buena fe que quiere al boxeo esté unida para que el boxeo argentino mejore de una vez por todas. Ese es hoy mi objetivo y dejaré lo mejor de mí para cumplirlo.

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